(O la sequedad del ser)
jueves, junio 01, 2006
Insomnio en primera persona
Mierda... se hicieron las 6 de la mañana nomás... y me tengo que levantar en un rato.
No tengo la costumbre de tomar alcohol y mucho menos whisky, pero hoy ya no tengo otro recurso. Tengo el vaso a un brazo de distancia, le puse unas gotas de agua caliente para enfatizar su aroma. Lo tomo sin ganas, buscando objetos perdidos en su brillo ambarino. Retorno al monitor, y me acuerdo de Mercedes.
Mercedes es todo un caso. Ella limpia en silencio sólo una pequeña parte del edificio donde trabajo. Tiene una pequeña radio que lleva siempre en su mano derecha, durante sus recorridas repetidas por el parque. No saluda, no habla y si puede te evita. Pero su gran temor son los monitores de las computadoras. Ella piensa que el mundo la vigila desde allí, que su alma quedará atrapada sin poder salir jamás. Por ese motivo cierra con llave y apaga las luces de las salas donde hay una computadora o una TV. A veces, cuando me cruzo con ella, logro sacarle un "buen día" forzado, y me voy contento.
Ahora que me acuesto, noto que mi cerebro resuena, mejor dicho, retumba, late y las ideas, las pocas que me quedan, se confunden como avispas en un panal caído.
Llevo una semana consecutiva sin poder dormir y no sé porqué. Estoy cerca de terminar, de poder completar algunas pequeñas cosas en mi vida que son importantes. El problema es que la confusión que tengo aumenta a cada minuto. Por momentos vuelven imágenes a mi memoria de un viaje en el 152 saliendo de Retiro, de mi insultos cada vez que paso por calle 7 y me choco con el edificio de Obras Públicas y, en otoño, cada suceso me devuelve a la infancia.
Si no encuentro el sueño en poco tiempo más, daré por sentado que entré a una nueva etapa de la que no sé si podré salir. Tal vez Mercedes no se equivoque tanto.
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martes, abril 11, 2006
¿y ahora qué?
Pierdo el tiempo y no puedo encontrarlo.
¿Cuánto pasó desde mi última entrada?¿Dónde estuve todo éste tiempo?¿Podré regrsar?
Será cuestión de encontrar los momentos adecuados para hacerlo.
Mientras tanto... un bit desorientado oficiará de guía.
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viernes, julio 29, 2005
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viernes, febrero 11, 2005
13:40 hs. Para mí que esa chirusa ni siquiera venía a comprar, cada vez que lo ve a Jacinto en el kiosko, pasa para ver a qué número le puede jugar y se la da de calladita para colmo, comenta angustiada doña Noeli mientras el aceite ya frío de la sartén comienza a chorrear por un costado. Usted no se haga problema por esa clase de gente, no valen la pena, le dice Jacinto. ¡El aceite, vieja! se está ensuciando todo el piso, previene don Pedro y, dirigiéndose a Mabel, y vos traete un trapo para limpiar éste desastre. Mabel se retira a los resoplidos al mismo tiempo en que Marta, desde el comedor, le hace morisquetas para hacerla enojar. Lorenzo pregunta si al final decidieron a qué número le van a jugar, porque cree que le va a jugar unos pesitos al que decidan ellos. Jacinto, con aire profético, les dice que ésta nochecita presten atención al programa de Maserani, luego de los valsesitos, que su número va a salir a la cabeza. Sonríen todos, hay expectaiva y ansiedad.
13:41 hs. Regresan Mabel y Vicenta. La primera con el trapo para limpiar el aceite chorreado en el piso y la segunda con cuatro vecinos del barrio: Tito, el carnicero, Rita, la señora de la esquina, Negrita, también conocida como la rusa, y Ernesto, el sodero. Todos preguntan, entusiasmados y a los empujones en la puerta del kiosko, que les dejen ver los huevos fritos, que hay que jugarles sí o sí. Don Pedro pone cara de incordioso y resopla. Vicenta mira con cara de yo no fuí. Lorenzo aprovecha y mira disimuladamente el enorme culo de Vicenta. Se aproxima a la puerta doña Noeli, con miedo de que la pasen por encima, sujeta la sarten por el mango con ambas manos y les pide que tengan mucho cuidado que no es para andar haciendo tanto escándalo. Todos miran y nadie lo puede creer.
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martes, febrero 08, 2005
13:36 hs. Jacinto ofrece sus servicios como quinielero ambulante. Dice que esa clase de acontecimientos suelen reportar alguna pequeña fortuna a quien lo apueste. Vicenta se retira sigilosamente del kiosko, dando previamente un leve empujón a Lorenzo, que lo toma como un signo positivo. Marta y Mabel regresan del colegio en impecable guardapolvo blanco y preguntan qué está pasando. Doña Noeli les pide que callen la boca, se laven las manos y preparen la mesa. Don Pedro duda, má sí..., piensa, le juego unos pesitos, total siempre amarrocando y nunca una alegría. Jacinto le dice que no se haga problema, que confíe en él, que hay ciertos designios del destino que no se pueden dejar escapar y, señalando al cuadrito de la basílica de Luján, agrega, ésa es la puerta de entrada a la buena fortuna, se lo aseguro yo que hace más de veinte años que estoy en ésto. Emilia dice que ella no piensa jugar, que no es de gente decente y de buen cristiano y, señalando a Jacinto con el dedo índice de su mano derecha, le previene, si llego a ver que usted sigue pervirtiendo a la gente con esos juegos azarosos en contra de la voluntad del Señor, le juro que lo denuncio ante el oficial Falcón. ¿Pero ese no es el hijo del bastardo de Ramón?, pregunta Lorenzo al concluir que si le pega a la cabeza podría armar una linda fiesta de casamiento con Vicenta. Sí, contesta don Pedro, lástima que no tenemos algún anarquista cerca para pedirle que lo vuele en mil pedazos como al facho malnacido de su padre. ¡Pero cómo va a decir semejante cosa, don Pedro, jamás hubiese pensado algo así de su parte! Yo mejor me retiro, y usted, Jacinto, ojalá que no tenga santa sepultura, que el Señor se apiade de usted, grita enojadísima Emilia desde la puerta del kiosko antes de desaparecer.
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lunes, febrero 07, 2005
13:34 hs. Azorados los dos, miran los huevos fritos en la sarten y no lo pueden creer. Vicenta intrigada, pregunta qué pasa. Emilia, incordiosa, se pregunta en voz alta cómo se puede tratar de ésa forma a los vecinos y clientes de toda la vida. Jacinto, hambriento, sigue sintiendo hambre. Lorenzo, disimuladamente, mira el enorme culo de Vicenta y cree que el matrimonio podría llegar a ser una decisión apresurada. Doña Noeli, con su marido detrás, se acerca a sus vecinos y les pide que miren la sartén. Todos miran y nadie lo puede creer.
13:35 hs. Luego de unos segundos de estupefacción, comienzan a preguntarse si aquello en verdad representa algo. Noeli y Pedro son contundentes: es el 47. Jacinto con el bagre embravecido, duda. Vicenta, haciéndose la sota, asegura que es el 41. Emilia, descreída, sólo atina a decir que eso no es nada, sólo una mancha y que a lo sumo podrían llegar a ser las letras A y T. Lorenzo, mirando disimuladamente el enorme culo de Vicenta, no presta atención a lo que sucede y saca números de cuánto costaría casarse con Vicenta, la idea mucho no lo convence.
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jueves, febrero 03, 2005
13:32 hs. Llegan al mismo tiempo don Pedro con Vicenta, Emilia y Lorenzo, el contador. Vicenta y Emilia son las dos tías solteronas del barrio, la primera conocida por chusma y la segunda por vieja hija de puta, a secas. Lorenzo, hombre serio y sencillo, es el último en entrar y mira disimuladamente el enorme culo de Vicenta. Si no fuera tan conventillera, hasta me le declaro, especula. En ese mismo instante, doña Noeli pega un grito y le pide a don Pedro que se acerque.
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miércoles, febrero 02, 2005
13:31 hs. Cascado el segundo huevo y tirado en la sartén junto con el primero, se dirige rápidamente al mostrador para atender a Jacinto. Se saludan con un beso en la mejilla, muy cordialmente. Ambos dicen que están bien, a las corridas por el horario pese a que nadie los corre. Jacinto le dice que huele muy bien lo que está cocinando y asegura que don Pedro es un hombre muy afortunado por tener una mujer como doña Noeli. Ella le contesta que no es para tanto y, secándose las manos en el delantal, pregunta qué va a llevar. Él pide papel Ombú porque ya no tiene con qué hacer los puchos. Doña Noeli aprovecha el momento en que Jacinto busca su billetera para dar vuelta los churrascos y ver cómo están los huevos fritos.
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martes, febrero 01, 2005
13:29 hs. Suenan las campanitas al ser golpeadas por la puerta que está abriendo Jacinto. Él sonríe pero en su mirada se nota cierto cansancio. Debe ser el hambre, piensa, y en voz alta pregunta, ¿doña Noeliii?. Doña Noeli está apunto de cascar uno de los dos huevos que piensa freir para acompañar los churrascos que están a medio hacer y, agitada, le pide a Jacinto que la espere unos segundos porque está preparando el almuerzo de las nenas. Jacinto asiente y pregunta si se encuentra don Pedro para no molestarla. Ella le contesta que no, que se fue al correo a mandarle un telegrama a Emilce, hermana de don Pedro, para saber cuándo va a venir a visitarlos que la extrañan. Jacinto le dice que la espera, que no se haga problema.
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lunes, enero 31, 2005
Lanús, 15 de marzo de 1962
13:28 hs. Doña Noeli prepara el almuerzo de sus dos hijas, Marta y Mabel de 12 y 9 años respectivamente, y atiende el kiosko que puso junto con su marido, don Pedro, en el garage de su casa. Encima de la puerta de entrada al kiosko, que está a punto de ser atravesada por Jacinto, el levantador de quiniela, una imagen de la basílica de Luján sirve de despedida al cliente ocasional.
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viernes, enero 21, 2005
Caos limitado por el contorno irreprochable de una trayectoria,
una elipse, una flor, una mariposa.
Transmutar,
evolucionar la duda que nos orienta.
Nuestra historia definida por el arco
de una estrella atea, ofreció la llave
a los pastores de un rebaño
para que sus ovejas dieran a luz
una patraña de dos mil años.
En la diatriba de una noche sin sorpresas,
de silencios minuciosos,
una voz encendida asegura:
Todas las religiones son apócrifas.
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lunes, enero 10, 2005
Si así empezamos el año
Y de los índices caían enormes, vastos, libros que chorreaban tiempo.
Mujeres de pechos castrados alimentaban a niños acéfalos.
Idolatrados ídolos de franela quedaban en silencio, estupefactos, implotando por el peso de su propio vacío.
Hombres de vida austera proclamaban los excesos y con cucharas escarbaban los restos de sus órbitas oculares porque ya no había nada por ver.
Insectos sobre un tomo perdido fundaban una nueva civilización, prometiendo un más allá de recompensas, dominado por la voluntad del espíritu.
En un rincón, junto a la pata derecha de mi cama, bajo mi almohada, una luz titilaba y se hundía en la oscuridad. Un mundo dejaba de existir.
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lunes, diciembre 20, 2004
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miércoles, noviembre 17, 2004
En su cuaderno Gloria, de naranja mugriento, encontré:
Antagonismo cosmopolita
La sozobra del aliento,
que desalienta,
es el fuerte
de una ciudad endeble.
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viernes, octubre 29, 2004
Resolución 1
Creo saber cómo pasa el tiempo:
furtivamente, cazando gente.
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miércoles, octubre 13, 2004
Desarrollo de una equivocación
En el decurso de mi tosca vida,
con el discurso que mi boca agita,
un teorema me demuestra
mi hipótesis incorrecta.
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miércoles, octubre 06, 2004
Naufragando he cantado:
Fueron demasiados días
en un día y el barco se
hundía con gente que
de nada entendía,
ordenada se arrojaba al mar.
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viernes, septiembre 10, 2004
Soñaba, o mejor, no soñaba en absoluto. Tampoco sé si dormía. Tenía la vaga sensación de haber estado suspendido en el vacío, como si estuviese colgado de un gancho que me atravesaba de oreja a oreja, sin que nada ocurriese en el vasto espacio completado de Nada.
Sabía que en alguna lejana región de mi desconocimiento había una ciudad que latía mientras me hundía en metros y más metros de vacío. No había colores, ni voces, ni olores. Decir que todo estaba oscuro, profundo, incluso vacío, sería reconocer que distinguía dónde me encontraba. Era el desconcierto mismo. Me sabía vulnerable, frágil, capaz de ser arrasado por el aleteo de un insecto.
Luego, hubo un frío que recorrió parte de mi cuerpo, que más tarde distinguí como mi brazo. Una oscilación en el aire se dirigía hacia mí a todo vapor, cada vez más palpable, más mundana. Empezaban a surgir nociones sobre lo que resultaba familiar día tras día en mis espacios cotidianos.
Finalmente, saqué el otro brazo que aún mantenía el calor del interior de la cama a diferencia del otro y noté que esas oscilaciones en el aire no eran otra cosa que el chirrido intermitente del despertador. Entonces se evaporó el eter que me empapaba, me sentía como una mezcla entre extranjero y eterno residente de estas tierras. Estar, no estar... desaparecer, aparecer... irse y regresar.
Me pegué una ducha, poco a poco me corporizaba, me volvía visible. Salí del baño, me vestí y cuando estaba preparando el mate antes de salir a la calle un día miércoles 4 de agosto de 2004, a las 7:48 de la mañana, me quedé pensando en el vacío. Ahí mismo, abrí la heladera con desesperación y me encarnicé en una dura batalla con un pedazo de matambre frío sobrante de la noche anterior.
Así se estaba mucho mejor.
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lunes, septiembre 06, 2004
Se encontraron de casualidad justo en la puerta de un café, cerca de Tribunales. Se sentaron a conversar un rato pero desde mi posición no las podía ver claramente, sólo alcanzaba a escuchar lo que decían:
- ¡Mercedes!... no lo puedo creer... ¿qué hacés por acá?.
- Hola, Cristina. Es increíble que habiendo tantos lugares, justo nos venimos a encontrar acá. ¿cuánto hace que no nos vemos?... deben ser, seguro, unos diez años.
- Y... más o menos, ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que intercambiamos un saludo, para colmo con todo esto que estamos viviendo...
- ¿Por qué? ¿Les pasó algo?.
- No, sólo que estamos tratando de adaptarnos a Buenos Aires. Hace casi un año que estamos viviendo acá, vos te imaginarás lo que eso significa.
- Claro, querida. ¿Cómo no lo voy a saber?. ¿Por qué se mudaron, estando tan tranquilos en Pergamino?
- Mirá, Ernesto no aguantaba más su antiguo laburo. Estaba como administrador de una chacrita que facturaba bastante bien y lo atendían como a un señor. Un día se levantó con la idea de hacer cosas nuevas, de empezar una nueva vida, que lo que hacía era la peor desgracia de su vida y que de esa manera no iba a poder progresar jamás. Al poco tiempo renunció y nos vinimos para Buenos Aires, ya que él siempre decía que aquí se encuentra el progreso. Yo como una tonta le creí y por eso estamos como medio estancados sin saber muy bien qué hacer. Él está buscando un uevo trabajo mientras yo estoy llevando unos pesitos a casa haciendo limpieza de edificios.
- No te puedo creer, recuerdo que ustedes estaban muy bien allá. Claro que eso fue hace mucho tiempo atrás, pero nunca imaginé que les podía suceder algo así. Decime una cosa, ¿Tuvieron hijos?.
- Si, tengo un nene , Ramiro, de 8, y una nena, Yalila, de 6. El nene me vuelve loca, está todo el día en la calle jugando al fútbol, rompiendo vidrios, contesta lo que se le da la gana cuando una intenta ponerle algún límite y, por supuesto, en el colegio le va horrible. La verdad es que me supera, es un malcriado. Yo le había dicho a Ernesto de esperar un tiempito más antes de tener un hijo, pero él siempre se impone y bueno... salió Ramirito. Al poco tiempo quedé embarazada de Yalila, Yali le decimos, que es un amor. Ya está hecha casi una señorita y no lo puedo creer. Ella, en cambio, se lo pasa en casa, casi siempre en su cuarto, silenciosa, jugando en secreto con sus muñecas, recreando historias... es muy bonita, delicada, de cabellos rubios y ojitos claros como yo. Ella sí que me salió bonita e inteligente. Una de cal y otra de arena, ¿viste?.
- No sé porqué las nenas son siempre más compinches de sus madres, debe ser muy lindo. Tu nene se debe llevar mejor con tu marido, supongo.
- Claro, Ramiro nos salió oscurito, como el padre. Debe ser por eso que se lleva tan bien con Ernesto. Mamá siempre me recalcaba que habiendo tanto rubiecito trabajador en el barrio yo justo vengo a enganchar al único morocho cómodo y haragán. Al principio, me hacía mucho daño lo que me decía y hasta estuve dos años sin hablarle.
- Mucha compañía que digamos no te hizo. No recordaba a tu mamá tan incisiva, pero tu marido siempre fue un buen hombre, que yo recuerde, él te trataba muy bien.
- Es cierto lo que decís, pero a decir verdad, un día me dí cuenta que algo raro estaba sucediendo. Mirá, te voy a ser sincera, ya hace tanto que no nos vemos... La nena estaba recién nacida cuando a Ernesto casi lo rajan de la chacra porque faltaban seis mil pesos de la caja de empleados. Yo lo defendía a muerte porque hasta ese momento las cosas venían bien en la familia y no podía dudar de él. Te imaginarás que siendo su esposa, algo tenía que hacer. Circularon muchos rumores por el barrio ¡y en Pergamino donde se conoce todo el mundo!, de gente que aseguraba haberlo visto en Mar de Plata jugando en el casino, luego en Montevideo en un hipódromo, muchas cosas horribles.
- Son unos hijos de puta, no sé qué se tienen que andar metiendo en la vida de los demás.
- Justamente, luego de ese incidente, Ernesto comenzó a ausentarse de casa diciendo que necesitaba buscar un trabajo nuevo porque ya no lo respetaban en la chacra. Desaparecía por una semana, a veces por dos, llegaba muy desarreglado y nervioso. Me gritaba, aunque nunca me levantó siquiera la mano, tenía una extraña manera de hacer respetar su posición. A los pocos meses mamá falleció, yo estaba muy mal a pesar de que nuestra relación había mejorado un poco en los últimos meses de su vida, pero no me perdonaba haberla alejado de mi vida de una forma tan despreciable. Justo en ese momento a él se le ocurre escaparse y yo sola con los chicos, vos te imaginarás lo que es eso. Volvió como al mes con grandes planes para todos, tenía ropa nueva y en la puerta de casa dejó estacionada una camioneta de esas grandes, creo que le dicen F100, recién salida del consecionario. Insistía en que había que irse del pueblo lo más rápido posible porque eso nos estaba retrasando a todos, que la esperanza había que salir a buscarla a otra parte. No te das una idea cómo me entusiasmé, estaba muy contenta luego de tantas amarguras. Me trajo un vestido rojo, con un inmenso volado y un collar tan hermoso como nunca había visto en mi vida. Lamentablemente, la ilusión duró poco. Una noche, en que me había invitado a cenar, al regresar, encontramos toda la casa revuelta, se habían llevado los pocos pesos que teníamos ahorrados y el único collar que tenía. Como a las dos semanas robaron la camioneta y comenzaron a llamar a casa a cualquier hora amenazando que si no devolvíamos el dinero mataban a toda la familia. Yo no entendía que cornos pasaba a esa altura, vivía aterrorizada y ni siquiera salía de casa, vos te imaginarás lo difícil que es soportar todo eso. Ernesto desaparece una noche, dejándome una nota en la que me pedía perdón por lo que nos había hecho pasar y ahí nomás se me cayó el mundo.
- No te lo puedo creer, Cristina. Qué pedazo de hijo de puta que resultó ser ése. Pero no entiendo que hacés con él en Buenos Aires, todavía.
- Lo que pasa, Mercedes, es que no te lo podía decir así de una, después de tantos años. No sabía que ibas a pensar de mí. Luego, cuando me dí cuenta que realmente estaba con vos, me empecé a abrir. En realidad, estoy sola con los chicos en un hotel de Constitución. A Ernesto no lo vimos más y mejor que así sea. Al muy atorrante lo estaba buscando un prestamista usurero que le había dado un préstamo para jugar en no sé qué lugar toda esa plata porque, según él, tenía un pálpito de que de esa se salvaba, lástima que nos hundía a todos nosotros. Éste tipo, el usurero, creo que es Salaberry de apellido, muy conocido allá en Pergamino, se apareció un buen día junto a un juez y la policía con una orden de desalojo ya que tenía el título de propiedad que Ernesto le había dejado como garantía por unos veinte mil pesos que fue sacando a lo largo de dos años. Afortunadamente, tenía la casa mamá pero después de cuatro años no aguanté más y me vine a probar suerte a Buenos Aires ya que en Pregamino me sentía como marcada, vos te imaginarás lo que es eso.
- Por supuesto, querida, perfectamente. ¿Pero es cierto lo de la limpieza de edificios?.
- Sí, eso sí... y, decime, te cambio de tema, ¿Tu vida cómo anda?
- Y, bien, sin mucho por contar. Me separé pero estoy contenta, era un buen tipo pero no era de mi estilo. Digamos que quedamos en buenos términos. Por suerte no tengo chicos, se puede decir que soy moderna, pero no me preocupa mucho. Pareciera que si no tenés hijos sos un fracaso como mujer, pero yo hago la mía. Por supuesto que cada tanto tengo una alegría, pero nunca algo serio.
- Ay, nena, pero a tu edad!
- Justamente, si no me doy el gusto ahora no lo voy a poder hacer a los ochenta... ¡Uyyy! mirá qué hora se hizo, le prometí pasar a buscar a una amiga para llevarla al médico, qué tonta soy. Estaría bueno que nos volviésemos a encontrar para charlar, ¿no?.
- Seguro, porque acá no tengo a nadie salvo a una vieja que vive en la piecita de al lado. Dejame tu dirección y tu teléfono, así arreglamos algo para otro día.
- Mirá, ahora tengo que salir volando, lo próxima vez que nos encontremos nos pasamos bien los datos.
- Bueno, Merecdes... como quieras, fue un gusto enorme volver a verte. Cuidate mucho.
- Igualmente, Cris, un beso y mandale besos a tus chicos que deben ser hermosos seguramente.
Vi cómo Mercedes se marchaba, con paso ligero, sin mirar atrás. A los poco minutos sa retiró Cristina, cabizbaja, secándose las lágrimas de su rostro.
Según me contaron más tarde, Mercedes no quería involucrarse, se había espantado con la historia de Cristina y tenía miedo de quedar pegada con un problema que no deseaba. Cristina continuó con su mala vida, pero acostubrada. Nunca más volvieron a verse.
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lunes, agosto 30, 2004
Un país con tantos héroes y tan poco heróico.
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He tarareado mi primer tango sin darme cuenta. Lo he silbado también. Creo que fue Naranjo en Flor aunque ya no tengo su melodía presente en mi memoria.
¿Acaso otro signo?. No lo creo, debe ser una simple e inconsciente revalorización de mis gustos. Y Buenos Aires se me hace tan personal...
Subirme el cierre de la campera, meter las manos en los bolsillos luego de frotarlas un rato y comenzar a pisotear las baldosas flojas con la cabeza gacha, tarareando Naranjo en Flor. Toda una postal.
Mientras tanto sigo hablando, hablando, hablando, hablando... me ablandé.
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lunes, agosto 23, 2004
No me quedó otra alternativa que levantar la copa y brindar. Brindé por la consagración, por el reconocimiento, por su llegada, por la bienvenida al estado, hacia el paso a la decandecia del cuerpo, de mi cuerpo.
El problema es que no me agrada, quiero volver a ser como era antes. Es como si me llevaran de prepo a un lugar al que no quiero ir. Como si me suviesen al auto, trabaran las puertas luego y arrancar para no detenerme jamás. Y me quedo en el asiento trasero, un poco tendido sobre la luneta, mirando detrás del vidrio empañado aquello que en algún momento supe ser.
Sé que no hay nada dramático en la extracción de una muela, pero doctor esa muela es mía. Con ella he triturado toneladas de comida en todos estos años y no me puedo desprender de ella sólo porque no pueda encontrarle la vuelta a su problema. Una carie, ese punto negro que desconozco y no quiero asumir, no es mi problema, es el suyo. Para eso le paga mi obra social, salvo para colocar algo en su reemplazo. Pero no me interesa reemplazar mi muela, sólo quiero mantenerla.
Y recibo una noticia peor: probablemente haya que sacar la muela del otro costado. ¿Ah, sí? ¡Pedazo de hijo de puta!. Porqué no te cortás las pelotas y se las das de comer a los perros, pedazo de malparido. Esos dientes son míos y ni se te ocurra ponerle nuevamente los dedos encima porque te clavo el torno encendido en el culo y te anestesio las manos para que no te lo puedas sacar, ¿támo?.
Tomé los dientes que me había extraído con las dos manos, como juntando agua, y me fuí corriendo sin cerrar la puerta, con la vieja que arregla los papeles sin saber qué decir, inclinando su cabeza, viendo los últimos restos de mi sombra en el pasillo, justo antes de desaparecer.
Recuerdo que luego desperté confundido, como me pasa siempre. Me desperté con la jeta todavía anestesiada y con ese hueco irreconocible, doloroso, entre los dientes. Luego me di cuenta que había soñado la escena de la huída y eso me sacó de mi breve alegría por la audacia del acontecimiento.
Sé que he soñado cosas de éste estilo antes. Dientes que se derriten, que se ablandan, que se caen como caen las plumas en la luna. Me pongo mal, doy media vuelta y sigo durmiendo.
De esa forma me iré acostumbrando a la decadencia del momento. En unos cinco años se manifiestará otra parecida y otra más en diez o quince, hasta que un día me de cuenta que más no se puede decaer y pegue el suspiro final.
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lunes, agosto 02, 2004
Miro las teclas con vergüenza, observo detalladamente cada una de las letras impresas sobre el plástico blanco donde descansan y no encuentro un camino por dónde escapar. ¿Adónde quiero ir?.
Se hace agotador el viaje que se desconoce como viaje. Sentir que las maletas están siempre listas para ser tomadas y salir del lugar donde uno se encuentra tan rápido como sea posible. Lugares de tránsito, fugaces y olvidables, se apilan y confunden con otros puertos, con otras estaciones. Trenes que llegan y que se van, colectivos vistos desde otros colectivos, aviones que aterrizan y despegan, barcos que se hunden despacito detrás del horizonte con un dejo de tranquila alegría.
Pero hay viajes que son estáticos, sedentarios. Se permanece mientras se viaja a un lugar desconocido para encontrarse recorriendo calles y parques parecidos a los conocidos en un barrio cualquiera, pero desdibujados, mezclados con otras acuarelas, con otros trazos, ensamblados con otras escalas. Las calles son iguales en todos lados, todo el mundo lo sabe, lo que las diferencia unas de otras son las dimensiones que las recrean.
Recorrer Nathan Road en Hong Kong como si recorriese la Avenida Corrientes en Buenos Aires, puede producir una paradoja espacial en los recuerdos que difícilmente se puedan componer ambos paisajes aunque éstos se recorran individualmente más tarde.
Lo mismo sucede con los corazones. He recorrido unos cuantos, incluso el mío propio, buscando dónde permanecer pero tuve que seguir marchando luego de un tiempo. Posiblemente no hayan sido buenas moradas, y si no la encontré es porque en mi búsqueda indefinida he transitado y recreado los corazones que llegué a conocer con las pasiones y rencores de otros corazones que ya había visitado. Ahí suceden las paradojas sentimentales y de un tajo frío se abre en pequeños rebanadas la ilusión de un nuevo amor. Con paciencia lo zurzo y continúo mendigando hasta poder encontrar lo que yo busco.
No hay nada como sentirse en casa luego de un largo y agotador viaje.
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miércoles, julio 28, 2004
Ante todo, importan los detalles. Ver el rostro de una mujer que sonríe dentro de un colectivo surcando la neblina de un sábado por la mañana, puede pasar desapercibido o, bien, llamar poderosamente la atención. Sobre todo si eso sucede un sábado por la mañana, viajando en colectivo.
En un principio, la mujer, luego de haber subido con alguien a quien imaginé su pareja, quedó parada, aferrada al pasamanos, con los ojos colgando en el filo de la ventanilla y con el sobretodo esparcido desprolijamente sobre el costado de su acompañante que se encontraba sentado. Bostezaba de a ratos pero en el último bostezo apareció la sonrisa escondida en su rostro luminoso, simple y perfecto.
Por momentos, trató de borrar su sonrisa con una mano, pero algo más fuerte la empujaba a seguir iluminando la belleza de su cara. El colectivo se movía y, con él, su cuerpo se balanceaba levemente, como buscando excusas. Su sonrisa aumentaba al mismo ritmo con que crecía mi intriga por adivinar qué era lo que ella estaba sintiendo o imaginando para sentirse de ése modo.
Bastó la discreta inclinación de mi cabeza para descubrir la fuente de su felicidad. El balanceo era, efectivamente, una excusa para buscar con su sexo el puño que su compañero había dejado disimuladamente bajo el sobretodo. Su felicidad había resultado ser placer con recaudos.
Al fnal, el Principito no se equivoca. Algunas veces lo escencial es invisible a los ojos.
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jueves, julio 15, 2004
Lo recordé con tristeza. Un pasado no tan lejano mezclándose entre mis pies de andar lento, cuando no tengo urgencia por llegar, sino de regresar.
En la avenida Calchaquí la noche estaba ceñida, metalizada, con ruido a resoplidos de camiones, de acoplados epilépticos y llanto de ladridos. Todo tan distante, tan perturbadoramente alejado, y pienso que uno camina de la manera en que vive.
Sé que era sábado por el olor del aire, por el sol tenue que entibiaba la cara y por el ritmo parejo y distendido de la gente en la calle. Luego, un comedor en una de las casas del barrio. El barrio con sus casas parejitas, uniformadas con tejas rojas y paredes blancas salpicré, con el colegio en el centro del cuadrado y las calles en U, como si tuviesen los brazos abiertos. Y ese comedor con las fotos, pegadas sobre unos cuadros de madera, de la cabeza con el pelo corte taza, a lo Carlitos Balá, de alguno de mis amigos del colegio y junto a ellas, otro cuadro un poco más grande con la carita triste de Ceferino. Una figura azulada, gris y ocre. Era lo primero que miraba cuando llegaba a su casa. Nunca supe ni pregunté quién era, sólo me interesaba mirarlo, quería saber porqué tanta tristeza, a quién miraba con esa posición entre cabizbajo y de tres cuarto perfil. Para mí, ese cuadro siempre tuvo cara de recuerdo.
Anoche, saliendo con mis pasos lerdos hacia un No Sé, no pude recordar porqué motivo estaba yo en ese lugar, amenazado por el frío, recordando la cara de Ceferino.
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lunes, junio 28, 2004
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jueves, junio 24, 2004
Estoy cansado, muy cansado... Tengo miedo de parecerme al Neustad de los 80's.
Mejor, me voy a dormir.
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martes, junio 15, 2004
D: Sabías que cristo es la respuesta?
Y: Y cuál es la pregunta?
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viernes, junio 11, 2004
La Plata está entrando, a mi criterio, al periodo gris.
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Un consejo?
Desconfíe de las viejas que dicen gracias. Te están diciendo: Correte, pelotudo!
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martes, junio 08, 2004
A1: Y ese, qué color es?
A2: Verde arquitecto.
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La pregunta se debe al capítulo 79 de Rayuela.
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lunes, junio 07, 2004
No es esto la antinovela?
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viernes, junio 04, 2004
1989
Hace 15 años, esto se convirtió en la Gran Provincia.
Hace 15 años que en la Gran Provincia no pasa nada. El mayor acontecimiento de estos últimos años es el resurgimiento de los movimientos sociales. La lucha por la redistribución del poder, una lucha por los restos fragmentados de un país que ya fué.
Esto es el Páramo, el desierto de las ideas, de las ilusiones, del desarrollo.
Hace 15 años que nos miramos la cara con los hombros encogidos. Pero más allá de pintarnos el pelo, de cambiarnos un poco la ropa o ver una nueva película, no ha pasado absolutamente nada.
Me gustaría irme del Páramo y volver en 15 años. Estoy casi seguro que lo voy a encontrar como en 1989.
Acaso ya quedó escrita nuestra historia?.La hemos quemado o simplemente puesto en el congelador?.
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jueves, junio 03, 2004
Una imagen se volvió presente: una ciudad empotrada sobre la falda de un cerro con forma de herradura, en plena noche, con el mar lamiendo los zapatos de unos paseantes rusos en los diques de un puerto anaranjado y el invierno sacudiendo las farolas en una bocacalle.
Tres marineros japoneses entran a un bar y sale un ruso con ocupación desconocida o directamente sin ella, completamente borracho que se tira a dormir en la galería frente al bar hasta el día siguiente. Algunos autos con objetivos inciertos, empañados, atraviesan un pasillo informe de calles sin nomenclatura. Un barrendero cruza las vías del tranvía y otros dos tipos, irreconocibles, charlan con las manos en los bolsillos de sus sobretodos en una de las tantas esquinas desde las que se puede ver el puerto.
Extrañamente a lo que suele pensarse, no hubo asesinatos aquella noche en el barrio del puerto, con sus calles trabajando como trampolines a las fauces de la oscuridad. Todavía tenía gusto a café amargo cuando abrí el diario y leí que molieron a patadas a un tipo de unos 45 años en una zona residencial de la ciudad, bastante alejada del puerto. Contaba que su cara estaba cubierta en sangre, tenía todas sus costillas quebradas y unos pocos dientes en su lugar. Había sido atacado por una patota que actúa aleatoriamente por distintas zonas de la ciudad, pero de la que no se tiene información certera sobre sus integrantes.
Eran las cuatro de la mañana cuando salí del bar, tuve que inclinar mi cuerpo levemente hacia atrás para poder descender por el corredor congelado que me lleva hasta el depósito del frigorífico, y me di cuenta de que ese acto es absolutamente útil en una ciudad con muchos trabajos inútiles, o con necesidad de justificación, para poder seguir existiendo. Una patota que asesina tipos por ahí es tan útil como el girasol que crece en el campo para darle trabajo al campesino. Una campana de cristal donde un zapato patea un culo, y el culo se come un zapato.
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martes, junio 01, 2004
Esta mañana hubo un peligroso cruce entre ciencia y teología.
Wandulus tuvo que pasar por la traumática experiencia de instalar redes de computadoras que utilizan conectores BNC. Afirmó categóricamente, con su voz saliendo sin pedir permiso de las cuevas de su pecho, que esos conectores son una invención del demonio.
No puedo negar que esa frase dio entrada a un gran desconcierto, impuso dudas que no habían sido planteadas hasta el momento.
Nuestros compañeros se empezaron a sentir incómodos, uno sacudía su pie derecho con nerviosismo, otro no encontraba una buena posición a su postura en la silla y el silencio nos hizo recordar que también existe.
Un rato después, se mencionó la existencia del par trenzado y la calma volvió a su lugar. Había, gracias a dios, instalaciones sencillas y confiables. Por eso, Hugo, sin parsimonia esta vez, retrucó que el par trenzado ha sido diseñado por la santa sede (no aclaró cuál).
De esta forma, restablecido el balance que equilibra las cosas en su modo natural, pude hacer algunas consideraciones al respecto. Pongámoslo en estos términos, que algo resulte complicado y de poca utilidad no necesariamente responde a la obra de Lucifer, sino a la estupidez e inoperancia humana y hasta una cuestión de recursos. Tampoco el Tata hace las cosas tan perfectas como nosotros pensamos. Siempre hay algo que uno u otro deja al azar como para entretenerse, para abrir el campo de juego. Pero ambas movidas son astutas, traicioneras, tienen sus propios recursos para ocultar verdades y mentiras, dejando por todos los rincones interrogantes que aparentan ser guachos.
¿BNC o par trenzado?. Otra dicotomía tirada sobre la mesa para ver qué hacen esos monos engreídos ante la primera dualidad que encuentran. Mientras tanto, ellos se están cagando de risa.
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lunes, mayo 24, 2004
¿Qué se enseña en el colegio de escribanos?
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lunes, mayo 17, 2004
Un día sucedió que pensé en un número en el que nadie, jamás, había reparado. Con cuidado, lo tomé. Le puse nombre y lo llamé todas las mañanas al despertar.
Me acompañó un buen tiempo, resolviendo algunos problemas para los que no tenía solución, comparando escalas para poder proyectarme sobre ellas.
Sin embargo, la bolsa de comercio, al iniciar una de sus tantas rondas de operación, enloqueció buscándolo una mañana porque sin él no podían continuar las cotizaciones de los diferentes papeles. Nadie sabía quién podía llegar a tenerlo y las bolsas alrededor del mundo comenzaron a colapsar ante el temor de no poder hacer los cálculos habituales. Pero, yo, justo ese día, lo estaba usando para cuantificar el grado de soledad de una persona viviendo en un edificio de 16 pisos y no presté atención a las noticias.
A la mañana siguiente, cuando fui a buscarlo sobre un papel en blanco donde solía hacer sus ejercicios matinales, encontré que se había borrado. Pensé que, tal vez, se habría traspapelado pero la evidencia de goma a los costados de la hoja era evidente.
Me fui a bañar desauciado, prendí la radio, y allí me enteré que las operaciones bursátiles habían vuelto a la normalidad después de una feroz cacería al número esquivo. Me sequé el pelo al finalizar y me dí cuenta que seguía siendo el mismo tipo solitario viviendo en el último deparatamento del piso dieciseis.
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viernes, mayo 14, 2004
El periodista atiende el llamado, y la vieja ofendida ante el conductor declara: Me han tucumaneado la cartera!.
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jueves, mayo 13, 2004
Por curiosidad, estuve mirando, un diario de San Juan de la semana pasada que me trajeron para que notara un detalle bastante obvio. El diario del día lunes, creo, aparece como nota de tapa la imposibilidad de aumentar los sueldos de los estatales sin ayuda de la Nación. Al dia siguiente, también en tapa, con Gioja saludando junto al presidente de Barrik S.A. (empresa canadiense que explota oro y otros minerales en San Juan y vaya a saber donde mas) en la entrada de Wall Street, anunciando que la provincia se encuentra con un superávit considerable y que ya se salió del infierno.
El diario, consecuente con el gobierno, elogió la administración del flamante gobernador (del que nunca se supo mas que paso con las acusaciones por las coimas en el senado), anunciando, además, que la provincia firmó un convenio binacional con Chile para explotar las minas de oro en Veladero (San Juan), impulsando el desarrollo de la región.
Todo esto es muy lindo. Ahora bien, Barrik S.A. tiene como subsidiaria a la empresa Argentina Gold S.A., a través de ella, se invirtieron, aparentemente, u$s500 millones para ganar en 15 años algo así como u$s15.000 millones.
La trampa donde está?. Barrik, como se dedicara a la explotación de oro, solo pagará impuestos por la extracción de ese mineral. Pero, oh casualidad, no todo lo que brilla es oro en esas minas. También brillan depósitos explotables de plata y uranio. Como esos minerales son subproductos de la extracción, no pagan tributo. Por supuesto, el tratado binacional beneficiara únicamente a la empresa canadiense, permitiendo acaparar una gran reserva en minerales muy valiosos. Todo esto, comentado por un ingeniero que trabaja en las minas.
Ahora sí, somos un país en serio. Vamos Argentina!!!!
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